Escuchá la entrevista con el psicólogo forense Agustín Romano.
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Romano analizó el caso del joven detenido por el ataque a una estudiante en la Facultad de Medicina, y advirtió que no se debe reducir el episodio a una eventual patología psiquiátrica. Señaló que será la evaluación pericial la que determine si existía un trastorno mental, cuál era su incidencia y qué grado de conciencia y voluntad tenía el joven al momento de los hechos.
En entrevista con Posta Oriental, sostuvo que, por los elementos que han trascendido públicamente, no parecería tratarse de un episodio exclusivamente impulsivo, sino de una conducta que podría haber tenido una evolución previa. Mencionó como hipótesis el acecho o stalking, una conducta en la que una persona desarrolla una fijación progresiva con otra y busca establecer contacto pese a no recibir una respuesta favorable.
El especialista explicó que, en determinados cuadros psicóticos, una persona puede interpretar de manera distorsionada situaciones absolutamente cotidianas. Un saludo, por ejemplo, podría ser interpretado como una señal de interés afectivo y convertirse posteriormente en una idea fija. En ese contexto, un rechazo puede ser vivido de una manera también distorsionada y eventualmente generar una reacción violenta.
Romano remarcó, sin embargo, que no corresponde establecer un diagnóstico sobre el joven a partir de trascendidos. También cuestionó la asociación automática entre esquizofrenia y violencia y subrayó que las personas con esta patología, cuando reciben tratamiento adecuado, pueden integrarse plenamente a ámbitos educativos y sociales.
“Patologizar el crimen” y “criminalizar la patología” son, según el especialista, dos reduccionismos que deben evitarse. A su entender, pueden coexistir elementos de psicopatología y violencia basada en género, por lo que es necesario analizar cada dimensión sin utilizar una para negar la otra.
El psicólogo también puso el foco en los antecedentes que han trascendido sobre la conducta del joven durante su etapa liceal. Señaló que episodios de acoso, acecho o conductas sexualizadas pueden constituir señales de alarma que deberían activar respuestas institucionales. Aclaró que esto no implica responsabilizar a una institución concreta por el ataque, ya que se desconoce cómo se actuó en este caso, pero planteó la necesidad de revisar qué ocurre con la información cuando un estudiante pasa de la educación secundaria a la universidad.