A un año del inicio del segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, el periodista y politólogo venezolano Ángel Arellano, editor de Diálogo Político y coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, analizó el impacto global del nuevo escenario internacional y la crisis en Venezuela.
En entrevista con Informativo Carve del Mediodía, señaló que, tras la salida de Nicolás Maduro, persisten la represión y la incertidumbre, con cientos de presos políticos aún detenidos. Arellano afirmó que la sociedad venezolana prioriza la liberación de personas y la recuperación institucional por sobre el debate petrolero, y consideró que la nueva etapa puede abrir una transición, también con efectos regionales, especialmente en Cuba.
Arellano vive en Uruguay desde 2015, tras emigrar de Venezuela en el marco de la ola migratoria de jóvenes profesionales que abandonaron el país a partir de la profundización de la crisis.
El analista recordó que su llegada a Uruguay se dio en un contexto de salida masiva de estudiantes y egresados universitarios venezolanos. “Desde 2014 y 2015 comienza un vaciamiento muy fuerte de capital humano. Venezuela perdió cerca del 30% de su población, buena parte profesionales, académicos y emprendedores”, explicó.
Esa diáspora, sostuvo, generó no solo un impacto económico sino también humano, con familias separadas, imposibilidad de regresar al país y un clima de persecución política. “Muchos no podemos volver con libertad. Hay retención de pasaportes, detenciones arbitrarias y una fuerte vigilancia sobre quienes estuvieron vinculados a la política o al periodismo”, afirmó.
Arellano advirtió que la situación comunicacional en Venezuela sigue siendo crítica. A los constantes cortes de luz y fallas de conectividad se suma el bloqueo de más de 300 medios digitales y restricciones sobre redes sociales. “Durante días, mucha gente fuera de Caracas se enteró de lo que pasaba gracias a familiares en el exterior. Esa es una muestra clara del nivel de censura y aislamiento”, señaló.
Consultado sobre la situación posterior al 3 de enero, fecha marcada por la intervención de Estados Unidos y la salida de Nicolás Maduro del poder, Arellano describió un clima de angustia e incertidumbre. Si bien se anunciaron excarcelaciones, el número fue muy inferior al esperado.
“Había cerca de mil presos políticos, incluidos más de cien desaparecidos. Hasta ahora, menos del 20% fue excarcelado y ni siquiera podemos hablar de liberaciones, porque los procesos judiciales continúan abiertos”, indicó. Según explicó, cientos de familias siguen aguardando respuestas frente a cárceles y centros de detención.
Para Arellano, una de las claves del momento actual es la profunda fragmentación interna del chavismo. “Hoy conviven distintos grupos de poder. Por un lado, Diosdado Cabello que controla los aparatos represivos, Vladimir Padrino López las Fuerzas Armadas, y los hermanos Rodríguez el poder político formal. A eso se suman redes criminales, narcotráfico y corrupción”, detalló.
Esa estructura, afirmó, dificulta la implementación de decisiones y explica el incumplimiento de anuncios oficiales, como la liberación de presos.
Frente a las críticas que señalan que el interés de Estados Unidos es meramente económico, Arellano señaló que la sociedad venezolana hoy no está preocupada por el petróleo, sino por la vida, la libertad y el control del territorio.
Recordó que el negocio petrolero ya estaba profundamente comprometido antes del 3 de enero, con deudas con China, Rusia e Irán, envíos subsidiados a Cuba y operaciones opacas a través de redes ilegales. “No existía soberanía real ni beneficios para la población. Ahora al menos se abre una posibilidad de regularización y transparencia”, sostuvo.
El politólogo consideró que el proceso en marcha implica un reordenamiento geopolítico, al menos en el caso venezolano. Incluso mencionó declaraciones de Trump en las que no descartó la participación de China en el futuro energético del país, siempre que se respeten reglas claras. “Antes no había reglas, había impunidad. Cualquier esquema que permita reconstruir el país y generar recursos para una transición es mejor que el colapso permanente”, afirmó.
Arellano también se refirió a las posibles consecuencias en Cuba. “Lo más parecido a la angustia del venezolano hoy es la del cubano. Si este proceso contribuye a debilitar el régimen cubano y abrir una transición democrática, sería una buena noticia para toda la región”, señaló.
Recordó que Cuba, a diferencia de Venezuela, no contó con recursos naturales para amortiguar su crisis y lleva décadas bajo un régimen sin libertades políticas.
Sobre el primer año del segundo mandato de Donald Trump, Arellano lo definió como “intenso y disruptivo”. Destacó el retorno de una política exterior estadounidense dura, directa y con fuerte impacto en los equilibrios globales.
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