Al cumplirse cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el conflicto sigue activo, mientras evoluciona hacia un escenario dominado por la tecnología, especialmente los drones. Aunque el presidente de Estados Unidos ha manifestado su intención de alcanzar la paz, el diálogo aún no ha logrado frenar una guerra que, según el analista militar Ricardo Barboza, ha cambiado profundamente en lo militar, pero permanece estancada en lo estratégico.
En entrevista con Informativo Carve del Mediodía, Barboza explicó que el campo de batalla actual está marcado por la presencia masiva de drones, que se han convertido en un elemento central de la guerra moderna. Según detalló, en el frente activo (una franja de entre 45 y 60 kilómetros a lo largo de unos 1.100 kilómetros) operan de forma permanente cerca de 50.000 drones entre ambos bandos.
“Hoy el drone junto con la artillería es responsable del 70% de las muertes de los soldados y de la destrucción de material”, afirmó.
El especialista señaló que durante el último año se utilizaron alrededor de 10 millones de drones tácticos, muchos de ellos pequeños dispositivos similares a los de uso comercial, pero adaptados para transportar municiones, lanzar granadas o incluso actuar como armas kamikaze capaces de ingresar en trincheras, edificios o vehículos blindados.
Una de las innovaciones más recientes es el uso de drones guiados mediante fibra óptica, lo que permite evitar las interferencias electrónicas. Estos dispositivos pueden operar a distancias de hasta 15 kilómetros, dejando tras de sí cables finos que, según Barboza, hoy cubren extensas áreas del campo de batalla como si fueran telarañas.
Pese a su impacto, aclaró que el uso intensivo de drones no ha sido suficiente para definir el resultado del conflicto. “El drone ha provocado daños importantes, pero no ha cambiado el curso de la guerra. Para eso necesitás operaciones mucho más grandes que involucren soldados, artillería y un cambio estratégico profundo”, explicó.
La proliferación de estos dispositivos se debe, en parte, a su bajo costo y facilidad de producción. Ucrania, por ejemplo, ha desarrollado una industria local que incluso fabrica componentes mediante impresoras 3D, con participación de estudiantes.
Además, la tecnología se ha democratizado al punto de que, según el analista, cualquier actor puede utilizar drones con fines militares o criminales, como ocurre en conflictos entre carteles de droga en América Latina.
En el plano estratégico, Barboza indicó que Ucrania ha adoptado una lógica de desgaste, consciente de su menor capacidad demográfica y económica frente a Rusia. El objetivo, explicó, es provocar elevadas bajas mensuales en el ejército ruso para generar presión política interna.
Según estimaciones, Ucrania busca provocar hasta 50.000 bajas mensuales entre muertos y heridos. A ese ritmo, Rusia podría enfrentar cerca de medio millón de bajas en un año.
En total, desde el inicio de la guerra, se calcula que Rusia ha sufrido alrededor de 1,2 millones de bajas (incluidos unos 400.000 muertos) mientras que Ucrania registra unas 300.000 bajas, con aproximadamente 175.000 fallecidos. Las víctimas civiles, en tanto, rondan las 15.000.
A pesar de la magnitud de las pérdidas, el frente de batalla se ha mantenido relativamente estable. Rusia controla actualmente cerca del 19% del territorio ucraniano, pero el avance territorial ha sido limitado en comparación con otros conflictos históricos.
Barboza destacó que, en términos militares, el resultado hasta ahora es inconcluso. “Rusia combatió 1.417 días en la Segunda Guerra Mundial y avanzó más de 1.800 kilómetros. En este caso, después de 1.463 días, el avance ha sido muy limitado”, expresó.
La guerra también ha servido como campo de prueba para nuevas tecnologías, acelerando desarrollos en comunicaciones, sistemas satelitales, guerra electrónica y robótica militar.
El especialista advirtió que la incorporación de drones y nuevas tecnologías es una tendencia irreversible, incluso para países sin conflictos activos. En ese sentido, señaló que contar con estos sistemas permite formar recursos humanos capacitados, mejorar la vigilancia territorial y operar en coordinación con fuerzas internacionales.
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