El conflicto en Medio Oriente atraviesa una fase de escalamiento, con múltiples frentes activos y una creciente participación internacional. Tras los ataques del fin de semana atribuidos a Estados Unidos e Israel contra Irán, y la posterior contraofensiva iraní contra bases militares en la región, la situación se ha ampliado tanto en el plano militar como en el político y comunicacional.
Irán ha lanzado misiles contra objetivos en Israel, incluidas zonas de Tel Aviv y Jerusalén, y también contra bases donde operan fuerzas estadounidenses en distintos países. Washington reconoció impactos en instalaciones militares, mientras que Israel informó sobre víctimas civiles, edificios destruidos y cientos de heridos.
Además, se reportaron ataques en Líbano, donde Israel apunta contra Hezbollah, y movimientos militares en Chipre, donde el Reino Unido mantiene bases y ha reforzado su presencia con un destructor y sistemas antidrones.
Según analistas, al menos 18 países están directa o indirectamente involucrados, en una guerra que combina operaciones aéreas, amenazas de incursión terrestre y una creciente tensión diplomática.
El presidente Donald Trump no descartó una intervención terrestre en Irán y afirmó que no dejará de utilizar “ningún instrumento” para alcanzar los objetivos planteado, impedir que Irán desarrolle armas nucleares y frenar lo que Washington considera su apoyo a organizaciones terroristas.
Desde la Casa Blanca, Marco Rubio defendió la ofensiva como un “ataque preventivo”, argumentando que existía información de inteligencia sobre un inminente plan iraní contra Israel y posteriormente contra intereses estadounidenses.
Sin embargo, la muerte de soldados norteamericanos en el exterior ha generado críticas internas, incluso dentro del propio electorado republicano. El Partido Demócrata cuestiona que la operación no haya sido sometida a autorización formal del Congreso y recuerda promesas de campaña vinculadas a evitar nuevas guerras.
En Israel, el primer ministro Benjamín Netanyahu enfrenta también un escenario político complejo. En contexto electoral, la guerra parece haber reforzado momentáneamente su posición interna. Netanyahu ha sostenido que la ofensiva contra Irán responde a una amenaza existencial, especialmente ante la presunta construcción de nuevas instalaciones nucleares subterráneas.
Israel permanece en alerta máxima, con amplias zonas bajo amenaza de misiles y miles de personas movilizadas hacia refugios antiaéreos.
El conflicto ya tiene repercusiones en los mercados internacionales. El petróleo y el gas registraron subas, mientras que varias bolsas experimentaron caídas ante la incertidumbre. Una escalada sostenida del crudo podría afectar los planes económicos de numerosos países, incluidos los de América Latina, debido a su impacto en transporte, agro e industria.
Tanto Trump como Netanyahu han señalado que la guerra no será breve, aunque tampoco indefinida. Los objetivos declarados incluyen la destrucción de infraestructura militar iraní y la neutralización de su capacidad estratégica.
Escuchá el informe completo del periodista Tomás Friedmann, especialista en asuntos internacionales.
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