El conflicto ya supera el mes, deja miles de víctimas y genera incertidumbre mundial. Suben el petróleo, caen las bolsas y crece la tensión política sin señales claras de desescalada.
Mientras coinciden celebraciones religiosas clave como el Jueves Santo, la Pascua cristiana y el Pésaj judío, además del cierre del Año Nuevo persa en Irán, la guerra en Medio Oriente continúa sin pausa y profundiza sus consecuencias a nivel global.
El conflicto, que ya lleva más de un mes, no solo deja un saldo creciente de víctimas y destrucción, sino que también impacta en la economía mundial, especialmente a través del aumento del precio del petróleo y la incertidumbre en los mercados.
En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habló en cadena nacional durante casi 20 minutos, aunque sin aportar definiciones concretas sobre el rumbo del conflicto. Reiteró conceptos ya expresados en intervenciones anteriores, sin anunciar medidas nuevas ni una estrategia clara de salida. Incluso mencionó negociaciones con supuestas nuevas autoridades iraníes, algo que fue rápidamente desmentido desde Teherán.
Además, sus declaraciones generaron ruido en la relación con Europa, especialmente tras sugerir, aunque luego no lo reiteró, una posible salida de la OTAN, lo que encendió críticas de líderes como el presidente francés Emmanuel Macron.
Uno de los puntos más críticos del conflicto es la situación en el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte mundial de combustible.
Las dificultades para la circulación en esa zona ya provocaron subas del petróleo de entre 7% y 8% en pocos días, caídas en las principales bolsas de Estados Unidos y Europa y aumentos en los combustibles en varios países, incluido Uruguay.
Este escenario empieza a trasladarse a la inflación global y genera preocupación en economías que aún no terminaban de estabilizarse.
Según estimaciones de organismos internacionales, el conflicto ya dejó más de 10.000 muertos y más de 20.000 heridos.
Los países más afectados son Irán y Líbano, donde los ataques han sido más intensos, aunque también se registran víctimas en Israel.
En el caso libanés, se estima que alrededor de un millón de personas debieron abandonar sus hogares, en medio de una ofensiva que incluye ocupación territorial y destrucción de infraestructura.
La violencia no se detuvo ni siquiera durante las celebraciones religiosas: durante la primera noche de Pésaj, ciudades israelíes como Tel Aviv y Jerusalén fueron blanco de ataques, obligando a la población a refugiarse.
Más allá de la eventual duración de las operaciones militares, los analistas coinciden en que las consecuencias se extenderán durante años.
Entre los principales riesgos una posible aceleración del programa nuclear iraní, la destrucción de infraestructura que podría llevar décadas reconstruir y un deterioro duradero en la seguridad regional.
A esto se suma la posibilidad de una reconfiguración geopolítica, con actores como Vladimir Putin fortaleciéndose en el mercado energético ante la crisis.
El foco internacional está hoy puesto en Medio Oriente, pero otros conflictos siguen activos, como la guerra en Ucrania, que continúa sin resolución.
El escenario global, así, muestra un aumento de tensiones simultáneas que impactan en la seguridad, la economía y la estabilidad internacional.
Escuchá el informe completo del periodista Tomás Friedmann, especialista en asuntos internacionales.
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