El ultimátum del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Irán para reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz está a punto de vencer, en medio de una escalada bélica que combina amenazas de alto voltaje, ataques a infraestructura civil y una creciente crisis energética global.
Ese paso marítimo, ubicado en el Golfo Pérsico, concentraba antes del conflicto cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo, lo que lo convierte en un punto neurálgico para la economía global.
En las últimas horas, Trump endureció su discurso al advertir que, si Irán no cumple con las condiciones (cese del fuego y reapertura del estrecho), “una civilización entera va a desaparecer”. Sus declaraciones generaron fuerte impacto tanto a nivel internacional como dentro de Estados Unidos.
En paralelo, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, confirmó ataques a estaciones de tren y plantas petroquímicas en territorio iraní. También se registraron bombardeos sobre la isla de Karg, clave para la exportación de petróleo y gas del país.
Incluso, autoridades israelíes advirtieron en idioma persa a la población de Teherán que evite utilizar trenes, al anticipar nuevos ataques contra ese sistema de transporte.
Desde Irán, la reacción incluyó un mensaje irónico de sus representaciones diplomáticas, que señalaron haber “perdido las llaves” del estrecho, en alusión a que no cumplirán con el ultimátum. Sin embargo, detrás del tono humorístico, la situación es considerada extremadamente grave.
Más allá del eje geopolítico y energético, analistas advierten sobre el escaso foco en el costo humano del conflicto. Según estimaciones, la guerra ya ha dejado alrededor de veinte mil muertos, más de cien mil heridos y cerca de cinco millones de desplazados. Entre ellos, unos cuatro millones de iraníes y 1,5 millones de libaneses que debieron abandonar sus hogares. Millones de niños se han visto afectados, muchos con secuelas psicológicas de por vida.
Las declaraciones de Trump también generaron fuertes críticas dentro de su propio país. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, calificó al presidente como “extremadamente enfermo” y advirtió sobre las consecuencias morales de una escalada militar.
En la misma línea, el senador Chris Murphy sostuvo que el plan implicaría “asesinar a miles de iraníes inocentes” con la expectativa de forzar un cambio en el control del estrecho.
La crisis en el Estrecho de Ormuz ya repercute en los mercados internacionales. Desde la Agencia Internacional de Energía se advirtió que el impacto podría superar las crisis petroleras de 1973, 1979 y 2022 combinadas.
El aumento del precio del crudo, que podría escalar de 110 a 150 o 160 dólares por barril, tendría consecuencias directas como suba de combustibles (entre 7% y 30% en más de 140 países, incluido Uruguay), aumento de costos en fertilizantes, incremento en precios de alimentos y presiones inflacionarias globales.
Las economías en desarrollo aparecen como las más vulnerables frente a este escenario.
Mientras tanto, líderes como Vladimir Putin y Xi Jinping mantienen silencio público, al igual que la Unión Europea, en un contexto de alta tensión y escasas señales diplomáticas.
El plazo fijado por Washington vencería sobre las 21 horas de Uruguay. Por ahora, no hay señales claras de que Irán acceda a reabrir el estrecho. Aun si se lograra un cese del fuego, el escenario posterior plantea enormes desafíos, como la reconstrucción de infraestructura, crisis humanitaria y un impacto económico que podría extenderse durante décadas.
Escuchá el informe completo del periodista Tomás Friedmann, especialista en asuntos internacionales.
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