La decisión del gobierno de avanzar en la reglamentación del Convenio 153 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que regula la jornada laboral y los descansos en el transporte por carretera, volvió a poner sobre la mesa un debate histórico en el sector del transporte de carga.
Mientras el sindicato del sector respalda la iniciativa por entender que mejorará la salud de los trabajadores, el control horario y la competencia leal, las gremiales empresariales advierten que la norma, tal como está planteada, no se ajusta a la realidad operativa del transporte y puede tener impactos negativos en los costos, la productividad y la logística.
En diálogo con Informativo Carve de Cierre, el presidente de la Intergremial de Transporte Profesional de Carga (ITPC), Ignacio Asumendi, recordó que se trata de un convenio aprobado en 1979, ratificado por Uruguay en 1989, pero que nunca fue reglamentado. Según señaló, no es un caso aislado. Sostuvo que “a nivel mundial solo nueve países lo han ratificado y aun así habría que ver si se cumple efectivamente”.
Asumendi aclaró que el sector empresarial no se opone a discutir los descansos ni las condiciones laborales, pero insistió en que cualquier reglamentación debe contemplar las particularidades de la actividad. “El propio convenio prevé que cada país lo adecúe a su realidad, y eso es justamente lo que estamos reclamando”, afirmó.
Uno de los principales nudos del conflicto está en la duración total de la jornada y en cómo se computan los tiempos de espera. El dirigente explicó que buena parte de las extensiones horarias no se deben a la conducción, sino a demoras en puertos, plantas industriales o problemas de tránsito, factores que no dependen del transportista. “Son horas de simple presencia, no de conducción efectiva”, remarcó.
A esto se suma, según las gremiales, la falta de infraestructura adecuada para cumplir con los descansos, como una red de estacionamientos seguros, y la escasez de choferes, un fenómeno que atribuyen tanto a cambios demográficos como al desgaste propio de una actividad con horarios imprevisibles. “Hoy mucha gente no ve el transporte como una salida laboral”, advirtió.
Asumendi subrayó que el transporte de carga no es un sector homogéneo y que existen grandes diferencias entre subsectores. Mientras algunos tienen recorridos y horarios previsibles, otros operan con itinerarios variables según la demanda. “Aplicar una norma general sin atender esas diferencias puede ser muy malo para algunas actividades”, sostuvo.
En ese sentido, las gremiales plantean que la discusión se traslade a los Consejos de Salarios por subgrupo, donde entienden que es posible contemplar las especificidades de cada rama. “El decreto, tal como está, hay que pararlo. Arranca perforado, reconoce excepciones pero no tiene cómo regularlas”, afirmó el dirigente.
Luego de varias reuniones tripartitas, el sector empresarial espera una definición de las autoridades sobre los próximos pasos.
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