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“El Viernes Santo toca lo más profundo de lo humano”, dice el sacerdote Francisco “Pancho” Lezama

“El Viernes Santo toca lo más profundo de lo humano”, dice el sacerdote Francisco “Pancho” Lezama
Foto: Camilo dos Santos

En un país laico como Uruguay, el Viernes Santo convive con múltiples significados. Para algunos es parte de la Semana de Turismo, asociada al descanso y los viajes, mientras que para otros sigue siendo un momento de recogimiento, reflexión y prácticas religiosas profundamente arraigadas.

En ese cruce entre cultura, tradición y fe, emergen preguntas sobre el sentido actual de esta fecha central del calendario cristiano,como qué queda hoy del significado original de la Semana Santa, cómo vive la Iglesia Católica este tiempo en una sociedad que parece cada vez más secularizada, o sobre los desafíos que enfrenta para transmitir su mensaje en el mundo contemporáneo.

Sobre estos temas reflexionó el sacerdote salesiano Francisco “Pancho” Lezama, actual provincial de la congregación en Uruguay.

Nacido en Montevideo pero criado en Las Piedras, Lezama se define como “pederense”. Su camino hacia el sacerdocio comenzó en la adolescencia, a través del vínculo con la parroquia, el movimiento scout y actividades de voluntariado. Ese contacto temprano con realidades vulnerables y con el estilo salesiano, centrado en la educación y el acompañamiento de jóvenes, fue determinante.

El carisma salesiano, inspirado en Juan Bosco, tiene una fuerte presencia en Uruguay desde hace 150 años. Su enfoque combina educación formal, formación profesional y proyectos sociales, con una lógica de cercanía y confianza.

Para Lezama, ser sacerdote implica orientar la vida al servicio de los demás, “lo más parecido al modo de Jesús”. Esa vocación, reconoce, convive con límites y desafíos, especialmente en su rol actual, que le exige tareas más organizativas y menos contacto directo con comunidades.

“Extraño estar más con los jóvenes, celebrar misa regularmente, pero también este servicio me permitió conocer un Uruguay que no imaginaba”, señala, destacando su experiencia reciente en el interior del país.

Más allá de la fe, el Viernes Santo recuerda un hecho histórico, como es la condena y ejecución de Jesús de Nazaret. Según Lezama, se trata de un acontecimiento documentado no solo en los evangelios, sino también en fuentes no cristianas.

Pero su vigencia no radica únicamente en lo histórico. “Lo que está en juego en esta historia tiene que ver con lo más profundo de cada persona, tal como el dolor, el amor, la libertad, el perdón”, explicó.

En ese sentido, el Viernes Santo trasciende lo religioso y conecta con experiencias universales. Incluso el momento más dramático, como el grito de abandono de Jesús en la cruz, refleja una vivencia profundamente humana.

A diferencia de otras celebraciones, el Viernes Santo se caracteriza por la sobriedad. No hay misa, predominan el silencio y los gestos simbólicos, como la lectura de la pasión, la oración universal y la comunión con hostias consagradas el día anterior.

También es tradicional el viacrucis, una práctica que recorre las distintas etapas del camino de Jesús hacia la crucifixión, muchas veces en espacios públicos.

“El silencio es fundamental. A veces, más que las palabras, lo que transmite es la presencia, el acompañar”, señala Lezama, comparándolo con el valor de un abrazo en momentos de dolor.

En Uruguay, el Viernes Santo también se vive a través de tradiciones populares, especialmente en el interior. Desde la recolección de hierbas como marcela o carqueja, hasta prácticas más simbólicas como “matar una víbora”, interpretada como una forma de combatir el mal, las costumbres reflejan una mezcla de religiosidad y cultura local.

A esto se suma la conocida abstinencia de carne, que, según Lezama, es una herramienta simbólica más que el centro del día. “Son signos que ayudan a reconocer que es un día especial”, resaltó.

Consultado sobre el lugar de la Iglesia en una sociedad más secularizada, Lezama planteó que el desafío no es separar lo social de lo religioso, sino integrarlos. “No es que por un lado se ayuda y por otro se anuncia el Evangelio. Todo forma parte de una misma realidad”, afirmó.

También subrayó el valor de la libertad, y sostuvo que el mensaje puede ser aceptado o rechazado, y eso forma parte del camino. “Un no hoy puede ser un sí mañana”, dijo.

El Viernes Santo es solo una parte del Triduo Pascual, que culmina el domingo con la celebración de la resurrección. Entre ambos, el sábado representa la espera, el silencio, la incertidumbre.

La Pascua remite al “paso” de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad. Para los cristianos, ese significado se actualiza en la figura de Jesús y su resurrección.

“El domingo se celebra la vida que vence a la muerte. Es una fuente de esperanza, no solo para los creyentes, sino para toda la humanidad”, afirmó Lezama.

Escuchá la entrevista completa. 

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