El conflicto en Medio Oriente continúa ampliándose y sumando actores, en un escenario cada vez más complejo que ya involucra a cerca de veinte países directa o indirectamente. Tras los ataques del fin de semana de Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán y la posterior respuesta iraní contra varios países de la región, la guerra comienza a extenderse más allá de su núcleo inicial y genera impactos políticos, militares y económicos a escala global.
El periodista Tomás Friedmann, especializado en asuntos internacionales, señaló en Informativo Carve del Mediodía que el conflicto “se está ramificando cada vez más”, con ataques, amenazas y movimientos militares en distintos puntos del mundo.
Uno de los focos de tensión se instaló en Europa tras la decisión del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, de negarse a que Estados Unidos utilice bases militares españolas para operaciones contra Irán. La postura provocó un fuerte cruce con Trump, quien criticó públicamente a España y llegó a advertir que podría utilizar las bases igualmente si lo considera necesario.
Según Friedmann, esta decisión abrió una fractura dentro de la Unión Europea. Mientras países como Francia, Bélgica y Noruega respaldan el derecho español a rechazar la participación en la guerra, otros gobiernos adoptan posiciones diferentes frente a la estrategia estadounidense.
En paralelo, el conflicto también se intensifica en el Líbano. Las Fuerzas de Defensa de Israel ordenaron evacuar cuatro barrios de Beirut donde viven unas 70.000 personas, ante la posibilidad de ataques masivos contra posiciones del grupo Hezbollah.
La orden implica que miles de civiles tienen apenas 24 horas para abandonar sus hogares sin saber si podrán regresar o si sus viviendas serán destruidas.
En el terreno militar, la guerra ya presenta varios frentes simultáneos. Israel ataca objetivos en Irán y en el Líbano, mientras Estados Unidos concentra sus operaciones directamente sobre territorio iraní.
Otro punto crítico es el cierre del estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas navales iraníes, una vía estratégica por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Más de 150 buques petroleros debieron modificar su ruta, mientras compañías navieras y aseguradoras se niegan a operar en la zona por el alto riesgo de ataques.
El impacto ya se refleja en los mercados energéticos. El precio del petróleo ronda los 85 dólares por barril y el gas registró aumentos cercanos al 44%. En varios países europeos ya comenzaron a reflejarse subas en las tarifas de electricidad, combustibles y calefacción.
Esta situación también se refleja en decisiones estratégicas dentro del continente. El gobierno de Finlandia evalúa levantar la histórica prohibición de instalar armas nucleares en su territorio, lo que abriría la puerta a un eventual despliegue de armamento atómico.
Al mismo tiempo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció que su país aumentará la producción de armas nucleares y endureció su postura estratégica en medio de la crisis internacional. Francia es el único país de la Unión Europea con arsenal nuclear, junto con Reino Unido, que lo mantiene fuera del bloque, lo que refuerza el debate sobre el sistema de defensa del continente.
La guerra también tiene consecuencias indirectas en el conflicto entre Ucrania y Rusia. Según Friedmann, el foco militar occidental se está desplazando hacia Medio Oriente, lo que reduce el flujo de armamento y recursos hacia Kiev.
En ese contexto, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky lanzó duras amenazas contra el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, quien bloquea un paquete de ayuda europea por 90.000 millones de euros.
Mientras tanto, el presidente ruso Vladimir Putin se beneficia del aumento del precio del petróleo, que incrementa los ingresos energéticos de Moscú.
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