El mundo está entrando en una nueva etapa marcada por el crecimiento acelerado del consumo eléctrico. Así lo advierte el informe Electricity 2026 de la Agencia Internacional de Energía, que proyecta que la demanda global de electricidad crecerá en promedio 3,6% anual entre 2026 y 2030, un ritmo 50% superior al registrado en la década anterior.
Este cambio marca un quiebre respecto a la tendencia histórica. Mientras que durante décadas el consumo eléctrico crecía por debajo de la economía mundial, ahora ocurre lo contrario, la electricidad se está convirtiendo en el principal motor energético de la actividad económica.
“El consumo de electricidad está creciendo por encima del crecimiento de la economía mundial. Esto es lo que la Agencia Internacional de Energía vislumbra como un cambio de época y le llama justamente la era de la electricidad”, explicó el ingeniero Ernesto Elenter, de CEG Ingeniería, en diálogo con Informativo Carve de Cierre.
El crecimiento responde a varios factores estructurales, pero uno de los más relevantes es la expansión de la economía digital, en particular la inteligencia artificial y los centros de datos, que requieren enormes cantidades de energía.
Como ejemplo Elenter señaló que el centro de datos que construye Google en el Parque de las Ciencias, en Canelones, consumirá unos 64 megavatios cuando esté plenamente operativo, el equivalente al consumo de unos 200.000 hogares.
A nivel global, la escala es aún mayor. Existen proyectos en desarrollo que podrían consumir varias veces la demanda total de países enteros, lo que está generando desafíos tanto en generación como en infraestructura de transmisión eléctrica.
Pero la inteligencia artificial no es el único motor. También contribuyen la electrificación del transporte, con un crecimiento acelerado de los vehículos eléctricos, y el uso creciente de bombas de calor para climatización, que sustituyen sistemas basados en combustibles fósiles.
“Estamos viendo un cambio estructural donde cada vez más actividades que antes dependían de combustibles fósiles pasan a depender de la electricidad”, explicó Elenter.
Este aumento de la demanda está generando tensiones en los sistemas eléctricos, especialmente en regiones donde las redes no tienen capacidad suficiente para abastecer nuevos proyectos.
Uno de los principales cuellos de botella es la transmisión eléctrica. La construcción de nuevas líneas de alta tensión puede demorar entre cinco y quince años, debido a los costos, los permisos ambientales y las servidumbres necesarias.
Por este motivo, muchos grandes centros de datos están optando por construir su propia generación eléctrica, combinando energías renovables, baterías y respaldo térmico.
En este nuevo escenario, Uruguay tiene ventajas comparativas importantes. Su matriz eléctrica es mayoritariamente renovable, lo que resulta atractivo para empresas tecnológicas que buscan reducir su huella de carbono.
Además, el país mantiene capacidad suficiente para abastecer el crecimiento actual de la demanda. Sin embargo, el gobierno ya prevé nuevas inversiones en generación, especialmente en energía solar fotovoltaica, para acompañar la expansión futura.
“Uruguay ya se dio cuenta de que requiere volver a invertir en generación, particularmente en energía solar, para acompañar el crecimiento de la demanda”, señaló Elenter.
No obstante, el principal desafío podría estar en la infraestructura de transmisión, cuya expansión requiere plazos largos y grandes inversiones.
Más allá de las ventajas estructurales, Uruguay enfrenta una limitación importante: el costo de la electricidad. Según datos comparativos regionales, las tarifas industriales en Uruguay son más altas que en países como Brasil, Argentina y Paraguay, mientras que las tarifas residenciales se ubican entre las más caras de la región.
Esto reduce la competitividad frente a países con energía más barata, especialmente Paraguay, que cuenta con abundante generación hidroeléctrica y tarifas muy bajas.
A pesar de estos desafíos, Uruguay cuenta con factores que lo posicionan favorablemente en el nuevo mapa energético global. La estabilidad institucional, la seguridad jurídica y la alta participación de energías renovables son atributos valorados por las grandes empresas tecnológicas.
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