Se estima que el 8 de marzo de 2017, 300.000 personas marcharon por el Centro de Montevideo en la más multitudinaria de las movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer. Ese día marcó un punto de inflexión, versión local de lo que se estaba viendo en buena parte de los países de Occidente. Durante los siguientes tres años, el feminismo copó el discurso público.
Aquel 2017 fue el año del Me Too en EEUU, que sacó a la luz decenas de denuncias violencia y acoso en el mundo del espectáculo. En 2018, la discusión por la despenalización del aborto tomó las calles de Buenos Aires; y se mismo año, un colectivo de Actrices Argentinas divulgó la denuncia por violencia sexual de Thelma Fardín contra Juan Darthés.
Fueron, en Uruguay, también los años en que se aprobó la Ley de Violencia Hacia las Mujeres Basada en Género, años en que se comenzó a rechazar actitudes hasta entonces socialmente aceptadas. Tiempos en que casos de muertes de mujeres y de denuncias de violaciones tomaron la agenda mediática: hechos que movilizaban, que ponían la emoción a flor de piel.
Y fueron años de mucha polémica. De lenguaje inclusivo, de alegatos de denuncias falsas, de que a las feministas se les estaba yendo la mano, de discusiones dentro del propio movimiento.
Pasó el tiempo, pasó la pandemia, y da la sensación de que ese empuje, esa ola feminista, terminó. En varios países se han visto reacciones contrarias muy fuertes, como cuando el gobierno de Javier Milei en Argentina desmanteló el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada en el mismísimo 8 de marzo.
Pasada esa ola, entonces, ¿puede decirse que el feminismo perdió?
Escuchá la mesa con la abogada Virginia Cáceres, la politóloga Verónica Pérez y la periodista Stephanie Demirdjian.
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