Entre martes y viernes se registraron ocho homicidios en distintos barrios de Montevideo, una seguidilla que volvió a poner el foco en la violencia asociada al conflicto criminal, el consumo de drogas y el aumento de episodios violentos hacia fin de año.
Los crímenes ocurrieron en Malvín Norte, Cruz de Carrasco, Punta de Rieles, Cerro Norte, Peñarol, Tres Ombúes y Conciliación, siendo este último el escenario del asesinato más reciente, ocurrido en la madrugada en el barrio Conciliación.
Según explicó el periodista especializado en temas policiales Guillermo Losa, la mayoría de los homicidios no están vinculados a rapiñas, sino a conflictos personales, consumo problemático de alcohol y drogas, y enfrentamientos entre bandas.
“No estamos viendo asesinatos por intento de robo, sino muertes ligadas al conflicto criminal y a problemas personales, muchas veces potenciados por el consumo”, señaló.
Losa advirtió que diciembre suele ser un mes con aumento de homicidios, influido por el consumo de alcohol en el marco de las fiestas y por tensiones dentro del mercado ilegal de drogas.
Entre las hipótesis que se manejan, mencionó que algunas muertes pueden estar relacionadas con ajustes de cuentas o mensajes dentro del narcotráfico, donde el asesinato funciona como una forma extrema de presión para el cobro de deudas.
Uno de los casos recientes ocurrió en Peñarol, donde un hombre fue apuñalado tras una discusión en la vía pública, luego de haber sido expulsado de una casa por estar alcoholizado y violento.
El periodista destacó especialmente la situación en Tres Ombúes y La Teja, donde se registró un doble homicidio y donde la Policía desarrollaba allanamientos vinculados a investigaciones por tráfico de drogas.
Durante uno de esos operativos, incluso se produjo un ataque a balazos a escasos metros de donde trabajaban los efectivos, resultando herido un hombre que figuraba entre los requeridos por la investigación.
“Hay un enfrentamiento de bandas que se viene dando desde hace meses, incluso con participación de ciudadanos brasileños”, explicó Losa.
Pese a la gravedad de la situación, Losa aclaró que Uruguay aún está lejos del récord histórico de homicidios, registrado en 2018 con 404 casos.
Sin embargo, advirtió que el dato que debería generar mayor preocupación es el de los intentos de homicidio y la cantidad de personas baleadas, muchas de las cuales llegan de forma constante a centros de salud como el Hospital del Cerro o policlínicas de zonas vulnerables.
“Muchas veces la diferencia entre un herido y un homicidio es la suerte de la víctima o la puntería del tirador”, afirmó.
Sobre el sistema de detección acústica de disparos (antes conocido como ShotSpotter), Losa señaló que ha permitido una respuesta policial más rápida, la recolección de casquillos y la vinculación de distintos hechos delictivos mediante pericias balísticas.
En cuanto al programa piloto Cure Violence/ Barrio sin Violencia, impulsado por el Ministerio del Interior, fue cauto, y dijo que “es muy difícil evaluar su impacto en conflictos ligados al narcotráfico, venganzas o culturas profundamente violentas. Hay situaciones que exceden cualquier intervención comunitaria”.
Para Losa, más allá de las políticas puntuales, existe un componente cultural de fondo, donde la violencia se consolida como forma habitual de resolver conflictos, incluso por motivos mínimos.
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