Escuchá la entrevista a Soledad Iglesias, Pediatra. Integrante del Observatorio de Salud del Cinve.
La meningitis es una enfermedad poco frecuente, pero cuando aparece puede tener consecuencias devastadoras. En los últimos meses, el aumento de casos volvió a instalar el tema en la agenda pública y reavivó una pregunta de fondo: ¿es suficiente vacunar únicamente a los grupos de mayor riesgo o es necesario avanzar hacia una estrategia de inmunización más amplia?
En lo que va de 2026 Uruguay ya registró 15 casos de enfermedad meningocócica, más que en todo 2025, y casi la mitad en menores de cinco años. No es una cifra enorme, pero esta enfermedad no se mide solo por su frecuencia: de cada 100 personas que la contraen mueren entre 10 y 15, y 1 de cada 5 sobrevivientes queda con secuelas graves —amputaciones, sordera, daño neurológico—. Un niño sano puede empezar con fiebre por la tarde y estar en CTI de madrugada. A eso se suma un dato que inquieta a los especialistas: desde 2023 los serogrupos que circulan se diversificaron, con aparición del C y el W, y el C tiene un comportamiento más epidémico.
Esta enfermedad lleva a poner sobre la mesa un concepto clave en salud pública: la protección colectiva. Cuando una parte importante de la población está vacunada, no solo se protege a quienes reciben la dosis, sino también a quienes, por distintas razones, no pueden vacunarse. Sin embargo, cuando las coberturas son insuficientes, la bacteria continúa circulando y el riesgo persiste.
El artículo «Meningitis: por qué vacunar a algunos no alcanza», publicado por el Observatorio del Sistema de Salud del Uruguay, analiza precisamente ese desafío. Explica por qué la vacunación contra el meningococo no debe pensarse solo como una decisión individual, sino como una estrategia poblacional capaz de reducir la circulación de la bacteria y prevenir los casos más graves.