América Latina tiene acuerdos, preferencias arancelarias y una arquitectura de integración construida durante décadas. Sin embargo, buena parte de ese potencial no se traduce en comercio real. Un estudio reciente de la ALADI destaca que apenas uno de cada diez productos que podrían intercambiarse con ventajas arancelarias dentro de la región aprovecha efectivamente esos beneficios.
El dato cobra relevancia en un contexto internacional complejo, marcado por tensiones geopolíticas, medidas proteccionistas y un sistema multilateral debilitado. Al mismo tiempo, surgen señales positivas, como la reciente puesta en marcha del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, que abre una nueva etapa para la inserción internacional de la región.
Para analizar este escenario, el secretario general de la ALADI, Sergio Abreu, planteó que el mundo atraviesa “un cambio de época”, marcado por la disputa entre grandes potencias como Estados Unidos y China, con impactos directos en el comercio global. En ese marco, América Latina enfrenta desafíos estructurales vinculados a sus propias asimetrías y a la falta de integración efectiva.
Según Abreu, uno de los principales problemas es la escasa complementariedad productiva entre los países de la región, que en muchos casos compiten en rubros similares, especialmente en el sector agroalimentario. A esto se suman trabas históricas como la burocracia, las dificultades logísticas y la falta de facilitación del comercio.
“El comercio intrarregional de bienes se mantiene en torno al 12% desde hace más de tres décadas”, explicó. Aunque los servicios —especialmente los basados en el conocimiento— muestran cierto dinamismo, el intercambio sigue siendo bajo en comparación con otras regiones.
Entre los obstáculos más concretos aparecen las demoras en frontera, la superposición de organismos y la falta de sistemas integrados. En ese sentido, Abreu destacó avances como el desarrollo de certificados de origen digitales y acuerdos en transporte terrestre, aunque reconoció que llegan con atraso.
También inciden factores políticos. El ex canciller advirtió sobre una “diplomacia fragmentada” en la región, donde muchas veces predominan las diferencias ideológicas por sobre los objetivos comunes. “Se enfrentan los problemas del siglo XXI con cabezas del siglo XX”, resumió.
En este contexto, las pequeñas y medianas empresas aparecen como uno de los eslabones más débiles. En América Latina hay cerca de 20 millones de pymes, pero solo una pequeña proporción participa del comercio intrarregional. Para revertir esto, la ALADI impulsa herramientas digitales que facilitan el acceso a información sobre mercados, aranceles y oportunidades comerciales, aunque su uso aún es limitado.
Para Uruguay, Abreu señaló que el desafío pasa por fortalecer su competitividad, mejorar la infraestructura y potenciar su rol logístico, especialmente en la hidrovía y los puertos. También remarcó la importancia de diversificar exportaciones y apostar a productos y servicios de mayor valor agregado.
Pese a las dificultades, el secretario general de ALADI se mostró optimista. “La integración no tiene otro resultado que la inclusión social”, afirmó, al tiempo que subrayó la necesidad de avanzar con mayor rapidez en un mundo que “ya no perdona la lentitud”.
En un escenario global incierto, América Latina enfrenta así una disyuntiva clara: seguir arrastrando sus limitaciones históricas o aprovechar las herramientas que ya tiene para integrarse y competir con mayor fuerza.
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