La Unidad Nº 18 del Instituto Nacional de Rehabilitación en Durazno alcanzó su tope operativo tras un fuerte aumento de la población reclusa en el último año, lo que llevó a dejar de recibir nuevos internos y a derivar condenados a otros centros del país. Su director, Nicolás Piñeiro, explicó cómo se gestiona la superpoblación sin afectar las condiciones de vida, la convivencia interna ni las actividades de rehabilitación.