Escuchá la entrevista con el economista Ramón Pampín, manager en PwC.
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La productividad aparece de forma recurrente en las discusiones sobre cómo Uruguay puede sostener mayores niveles de crecimiento y también ocupa un lugar creciente en el debate laboral. Un informe elaborado por PwC Uruguay, como insumo para la Estrategia Nacional de Desarrollo al 2050 que impulsa la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), analiza las principales brechas de productividad del país y plantea líneas de acción vinculadas a la gestión empresarial, la capacitación, la incorporación de tecnología y la difusión de mejores prácticas.
Pampín explicó que el trabajo fue desarrollado en el marco de la metodología de “Misiones” que utiliza la OPP para abordar tres grandes áreas, por un lado, competitividad, por otro productividad y sostenibilidad. PwC participó específicamente en las misiones de competitividad y productividad.
Pampín señaló que el objetivo fue llevar la discusión sobre productividad desde el plano estrictamente macroeconómico hacia una mirada “meso”, vinculada a las políticas sectoriales, y otra “micro”, enfocada en las empresas. En ese análisis aparecen factores como la incorporación de tecnología, la educación, la gestión y la capacidad de las empresas para acercarse a la frontera tecnológica.
En términos internacionales, Uruguay presenta niveles de productividad superiores a los de buena parte de la región, aunque mantiene una distancia considerable respecto de las economías más productivas. Según el indicador utilizado en el informe, elaborado por The Conference Board, la productividad de Uruguay equivale aproximadamente al 44% de la de Estados Unidos.
Pampín planteó que, al analizar las fuentes del crecimiento económico, Uruguay históricamente ha dependido más de lo que los economistas denominan “transpiración” que de la “inspiración”: es decir, de sumar más trabajadores, más horas de trabajo o más capital, antes que de lograr mejoras sostenidas en la eficiencia con la que se combinan esos factores.
Ese modelo enfrenta límites, entre otras razones, por las características demográficas del país. Por eso, el economista señaló que el desafío pasa cada vez más por lograr que la tecnología, las capacidades y la innovación tengan un mayor peso en el crecimiento.
El informe también identifica una relación entre la exposición a la competencia internacional y los niveles de productividad. Las empresas vinculadas al sector externo enfrentan mayores exigencias competitivas y, en muchos casos, presentan una mayor incorporación de tecnología e innovación.
La incorporación de inteligencia artificial aparece también como una de las oportunidades para mejorar la productividad, aunque acompañada de nuevos desafíos. Para Pampín, tanto la IA como la apertura de nuevos mercados son procesos que requieren una capacidad de reacción más rápida por parte de Uruguay. En ese sentido, mencionó también el desafío que representa el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, particularmente por las exigencias que implicará para las empresas que busquen acceder a ese mercado.
El economista sostuvo que las políticas públicas tienen un papel relevante para acompañar a las empresas que no cuentan con capacidades suficientes para enfrentar por sí solas esos procesos, especialmente cuando existen fallas de mercado. A su entender, el sector privado es el principal motor del crecimiento, mientras que el Estado debe intervenir para atender aquellas áreas en las que esas fallas dificultan la incorporación de tecnología, conocimiento o capacidades.