Escuchá la entrevista a Magdalena García, especialista en Violencia Intrafamiliar y Psicotraumatología. Integrante del Comité Nacional de SIPIAV (Sistema integral de protección a la infancia y a la adolescencia contra la violencia)
El relato de Valentín Yankelevich, hijo de Romina Yan, volvió a poner sobre la mesa una realidad tan dolorosa como difícil de reconocer: la violencia contra niños y niñas dentro de sus propios hogares. El joven, hoy de 23 años, contó públicamente que durante su infancia sufrió maltrato físico y psicológico por parte de su padre, Darío Giordano, después de la muerte de su madre. Según su testimonio, los episodios incluyeron golpes, gritos, humillaciones y encierros. También relató que, junto a su hermano, encontró en su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, a un adulto que lo escuchó y lo ayudó a salir de esa situación.
Su historia conmueve, pero también obliga a mirar más allá de un caso particular. Porque el maltrato infantil no siempre deja marcas visibles, no ocurre exclusivamente en determinados sectores sociales y no se limita a la violencia física. Puede manifestarse a través de insultos, amenazas, humillaciones, rechazo, intimidación, abandono o negligencia. Y puede prolongarse durante años sin que el entorno lo advierta o sin que alguien se anime a intervenir.
Hay una particularidad que vuelve especialmente complejas estas situaciones: muchas veces, quien ejerce la violencia es precisamente la persona de la que el niño depende para vivir, sentirse querido y estar protegido. ¿Cómo se procesa ese miedo cuando el agresor es un padre o una madre? ¿Por qué algunos niños callan durante años? ¿Qué señales pueden advertir los adultos? ¿Y qué consecuencias puede tener crecer en un ambiente de violencia?