Escuchá el análisis del politólogo Diego Luján.
Uruguay sigue siendo uno de los países de América Latina donde la democracia tiene mayor respaldo. Pero esa posición destacada convive con señales de desgaste: los uruguayos apoyan menos al sistema que dos años atrás, están considerablemente menos satisfechos con su funcionamiento y muestran una mayor disposición a aceptar un gobierno no democrático si les resuelve los problemas.
La última edición del Latinobarómetro muestra que el 64% de los uruguayos prefiere la democracia a cualquier otra forma de gobierno, seis puntos menos que en 2024. La caída es más pronunciada cuando se pregunta por sus resultados: la satisfacción con el funcionamiento democrático pasó del 63% al 48%. Hoy, satisfechos e insatisfechos están prácticamente empatados.
Hay otro dato que obliga a detenerse: el 45% afirma que no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si solucionara los problemas. La mayoría todavía rechaza esa posibilidad, pero ese rechazo es el más bajo de las mediciones disponibles para Uruguay. Al mismo tiempo, el presidente salvadoreño Nayib Bukele es el líder internacional con mejor imagen entre los uruguayos, por encima de Lula da Silva y de Xi Jinping.
La seguridad aparece como un elemento relevante para discutir estos resultados: el 32% de los consultados en Uruguay declara haber sido víctima de un delito en los últimos 12 meses, uno de los porcentajes más altos de la región. ¿Cuánto pesa esa experiencia en la valoración de la democracia? ¿Qué están premiando los ciudadanos cuando valoran a un dirigente como Bukele?