Escuchá la entrevista con el dirigente del Partido Nacional, Santiago Gutiérrez.
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En el marco de los 190 años del Partido Nacional, el dirigente nacionalista Santiago Gutiérrez planteó la necesidad de que el partido transite una renovación generacional e ideológica que permita superar los “ismos” tradicionales, como el herrerismo y el wilsonismo, sin abandonar la matriz histórica del nacionalismo.
Gutiérrez, de 32 años y al frente de un nuevo espacio dentro del Partido Nacional, destacó la dimensión histórica y emocional de la celebración de los 190 años de la colectividad. “190 años es una barbaridad”, señaló, y sostuvo que la permanencia del Partido Nacional y del Partido Colorado durante casi dos siglos habla de la construcción democrática y de la cultura política uruguaya.
Para el dirigente, ser blanco implica identificarse con una determinada forma de interpretar la vida del país, basada entre otras cosas en la idea de que las personas son más importantes que el Estado y que existe igualdad de valor entre quienes nacen en Montevideo y quienes lo hacen en el interior. También reivindicó la conservación de las tradiciones, aunque advirtió que estas deben ser interpretadas de acuerdo con cada época.
Gutiérrez destacó particularmente el discurso pronunciado por el expresidente Luis Lacalle Pou durante los festejos por los 190 años del Partido Nacional. Se refirió a la afirmación del exmandatario de que se ha vuelto “cada vez menos ortodoxo”, aunque mantiene sus valores y principios.
Para Gutiérrez, esa expresión sintetiza una definición ideológica que suele plantearse de manera sencilla, pero que tiene detrás una concepción determinada sobre la libertad. Según explicó, esas condiciones constituyen herramientas necesarias para que una persona pueda ser realmente libre. Sostuvo que se puede discutir cuáles son los mecanismos, las prioridades y el papel que debe desempeñar el Estado para garantizar esas condiciones.
En esa línea, rechazó la idea de asociar automáticamente cualquier política pública con el “vallismo” o con el estatismo. Defendió, en cambio, un Estado que proteja derechos y libertades, pero que no se transforme en un fin en sí mismo.